LA POBREZA INFANTIL LLEGÓ AL 54,3% Y AFECTA A 5,9 MILLONES DE NIÑOS

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El Indec dio a conocer los resultados del primer semestre, que reflejan un aumento de la indigencia respecto del primer semestre del 2020 en niños y adolescentes.

El Gobierno informó que la pobreza infantil ascendió a 54,3 en el primer semestre del 2021. Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que realiza el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la pobreza afectó a 5,9 millones de niños menores de 14 años, de los cuales 16,6 son indigentes.

En el primer semestre del 2020, el informe del INDEC había detallado que el 56,3% de las personas de 0 a 14 años son pobres. De ese grupo, el 15,6% de los niños vivían en la indigencia en hogares en donde los ingresos no llegan a cubrir la canasta alimentaria.

Así, la pobreza se redujo en 378.400 niños en el semestre y en 185.500 respecto del mismo período del año previo; por el contrario, la cantidad de los niños indigentes, a los que no les alcanza el ingreso para comer, subió a 16,6%, o 1,7 millones de personas; es decir, aumentó en 94.300 en el semestre y 166.600 en un año.

Además, en el segundo semestre del 2020, el 57,7% de los chicos menos de 14 años eran pobres, de los cuales 15,7% eran indigentes. Al formular la comparación contra el segundo semestre de 2019 –válida en términos estadísticos porque tiene en cuenta factores como la estacionalidad–, en la prepandemia, la pobreza de los más chicos tuvo un alza muy importante de 5,1 puntos, desde el 52,6% registrado entonces; en tanto, la indigencia creció 2,6 puntos porcentuales (desde 13,1%).

En particular, a fines del 2020 la pobreza infantil en el conurbano llegó al 72,7%, frente al 65% de promedio en el país, según los datos oficiales que reflejan el perjuicio de las mayores restricciones aplicadas por el Gobierno en esta zona del país a raíz de la pandemia.

Entre 0 y 14 años, el crecimiento fue de 10 puntos, ya que en el último trimestre del 2019 el registro había sido del 62,7 por ciento. A nivel nacional, este nivel pasó del 55,7 al 62,9 por ciento; en el NOA, del 58,6 al 60,9%, el NEA del del 59,1% al 61,9% y en la Patagonia del 44,3% al 50,8 por ciento.

En cuanto a la indigencia, en el conurbano pasó del 20,2 al 20,8 por ciento en un año entre 9 y 14 años, frente al aumento del 14,7 al 15,6 por ciento a nivel nacional.

Los microdatos de la EPH del Instituto Nacional de Estadística y Censo (Indec), procesados por los expertos de la Universidad Católica Argentina (UCA), reflejan que el incremento fue muy notorio en los partidos del conurbano, donde se combinan condiciones estructurales con la caída del ingreso real de los últimos años y las restricciones de la cuarentena-pandemia.

En este sentido, el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) indicó en su documento “Nuevos retrocesos en las oportunidades de desarrollo de la infancia y adolescencia. Tendencias antes y durante la pandemia de COVID-19″, que la inseguridad alimentaria aumentó 1,5 puntos porcentuales en los niños y adolescentes.

“Los más afectados fueron los adolescentes, mientras que la infancia temprana fue la más protegida. La Tarjeta Alimentar tuvo un efecto protector de la primera infancia en el espacio de la alimentación. A igual situación de pobreza e indigencia los niños/as sin la Tarjeta Alimentar tuvieron el doble de probabilidad de experimentar inseguridad alimentaria severa que pares no destinatarios de Alimentar”, indicó la UCA.

“Las infancias del estrato bajo integrado fueron afectadas en mayor medida respecto de 2019 por la indigencia y la inseguridad alimentaria severa”, se concluyó. Además, el documento subrayó que “la atención preventiva de la salud del niño/a y adolescente sano se postergó de modo significativo en el marco del ASPO por COVID-19″.

“Se estima que el déficit de controles médicos preventivos se incrementó casi 12 puntos porcentuales y el de la salud bucal 23 puntos porcentuales. Si bien el aumento de la incidencia del déficit fue mayor a medida que aumenta la edad, en la primera infancia el déficit se duplicó”, indicó el documento del observatorio que conduce Agustín Salvia.

“Las desigualdades son persistentes, pero el efecto ASPO fue transversal a las infancias. Los estilos de crianza nocivos también se incrementaron en su incidencia de modo transversal a los grupos de edad y el estrato social, salvo en el maltrato físico que fue mayor en el estrato bajo marginal y en general mayor en los hogares monoparentales”, aclaró el informe. Por otra parte, señaló que “el trabajo infantil económico y doméstico intensivo experimentó una merma muy significativa como consecuencia del ASPO – COVID-19 y la merma del trabajo informal del que participan las infancias en las grandes ciudades del país”, concluyó la UCA.

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