Eduardo Villarreal, hijo del recordado Antonio Villarreal, a quien se le atribuye la visión fundacional de la Fiesta Nacional del Surubí, expresó sus reflexiones sobre el pasado, presente y futuro, de una fiesta que trasciende lo meramente deportivo para convertirse en un fenómeno cultural.
En un diálogo con Radio Ciudad, Eduardo Villarreal reconoció la figura de su padre como “el impulsor de todo”, pero remarcó que el éxito y la magnitud actual de la Fiesta del Surubí no habrían sido posibles sin un “aliado incomparable: todo el pueblo de Goya”.
Rememorando los inicios, cuando la comisión organizadora contaba con apenas 14 miembros –incluyéndolo a él en el ’89 y ’90–, Eduardo subraya la transformación: “Ahora son más, y está todo el pueblo atrás, desde el primero al último se convierten en embajadores de la fiesta”. Esta convicción popular, sostuvo, es lo que diferencia a la Fiesta del Surubí, tal como le expresaron visitantes de Reconquista, quienes valoran el “impulso que le da la ciudad” y que “no la tienen en otros lados”.
La consecución de la denominación de “Fiesta Nacional”, un hito no menor, es para Villarreal una prueba del compromiso colectivo. “La Fiesta la hizo grande el acompañamiento incondicional de los habitantes de Goya”, aseguró y al mismo tiempo reconoció el rol de su padre en los años de su intendencia, cuando un modesto concurso de canoitas sentó las bases para lo que hoy congrega “a 1.400 lanchas”.
Villarreal también hizo un repaso por la evolución logística del evento, desde los “inconvenientes que había al principio” hasta el traslado de la celebración a la Costanera, y finalmente al actual predio Costa Surubí –anteriormente Costa del Sol–, evidenciando una adaptación y crecimiento constantes impulsados por el “apoyo de la ciudadanía”.
Un punto de inflexión que resaltó es la adopción de la pesca con devolución, una modalidad que “en su momento parecía imposible” pero que, gracias a “muchos visionarios en Goya”, hoy es una realidad. Recordó, además, la dedicación de quienes trabajaron incansablemente con la comisión desde la municipalidad.
Eduardo Villarreal hizo hincapié en la creciente participación femenina en el concurso, mujeres que “sufrieron a la par de los hombres el frío, el calor o los mosquitos, la noche en vela del sábado para pescar”. Su presencia, que “cada vez fue más”, ha enriquecido la fiesta, contribuyendo a su “lucimiento”.
La trascendencia mediática actual, con la fiesta captando la atención de medios nacionales, contrasta con sus humildes comienzos, cuando dependía de “radios locales y periodistas que venían de casualidad”. Pocos hubieran imaginado, admitió, la magnitud que alcanzaría. La icónica Canción del Surubí y la poesía que aporta Carlos Gómez Muñoz, según Villarreal, resuenan en el corazón de todos, un testimonio de la profunda identidad que la fiesta ha forjado. El mensaje es claro: la Fiesta Nacional del Surubí es un logro colectivo, un “difícil llegar a esto sin el apoyo de la gente”.








