EL BALCÓN DEL MUNDO

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Hoy fui a la Costanera. Me emocioné. Volví y me puse a escribir. Salió esto:
Cinco años de orilla herida,
de mirar con pena el río,
extrañando aquella vida
que se hundió en el hondo frío.
Pero el goyano es de acero,
no se rinde en el quebranto,
y hoy sobre él amarradero
se acaba por fin el llanto.
Es majestuosa y es grande,
imponente su figura,
un gigante que se expande
con moderna arquitectura.
Esta nueva Costanera
que nos margina el olvido,
es nuestra nueva bandera
por lo que hemos sufrido.
Aunque el alma todavía
busque la vieja postal,
nace una nueva alegría
en este balcón fluvial.
Del Náutico hasta el muelle,
el paso se vuelve gloria,
¡no hay agua que nos atropelle
ni que borre nuestra historia!
Ramón Cavalieri  –  Abril 2026