Argentina eliminó a Inglaterra en un partidazo y jugará la final del Mundial 2026 el próximo domingo ante España, que dejó en el camino a Francia. El triunfo 2-1 del equipo de Lionel Scaloni ante los británicos se dio en los minutos decisivos del encuentro con goles de Enzo Fernández y Lautaro Martínez y la prensa inglesa hizo hincapié en los “trucos sucios” que supuestamente emplearon los jugadores de la Albiceleste en el partido.
A raíz del artículo del medio The Telegraph, que enumeró con detalles las “31 artimañas” que ocurrieron durante el encuentro disputado en Atlanta, el diario francés L’Equipe publicó un controversial informe en el que se cuestiona el juego de los campeones del mundo y se pregunta si realmente la Argentina es un equipo violento. “Algunos altercados, mucha tensión pero pocas faltas en este Mundial”, es el titular que luego abre al interrogante sobre si verdaderamente los dirigidos por Scaloni tienen malas intenciones.
En el desglose de las infracciones de Argentina en el duelo contra Inglaterra se menciona un empujón por la espalda de Leandro Paredes a Jude Bellingham y tres faltas de Giuliano Simeone “por exceso de ímpetu en jugadas extrañas donde, aparentemente poseído, corre, taclea, se levanta y choca con su oponente. Sin intención de lesionar, pero con absolutamente ningún control”. “Era el arte de coquetear con los límites, de poner a prueba al árbitro. Los argentinos no tienen miedo de ser los malos”, continuó el reporte.
“Argentina se mantiene fiel a su tradición nacional. Su fútbol se caracteriza por luchas de poder físicas y psicológicas constantes, con entradas que siguen a las provocaciones, especialmente después de que se marcan goles. El enfoque es el de un equipo aguerrido que juega como si todavía estuviéramos en la época del arbitraje permisivo de hace 40 años, beneficiándose de una gran indulgencia en la evaluación del contacto físico”, continuó.
Como conclusión, el artículo refiere a un resumen de lo que fue Argentina en el Mundial y lo definió de la siguiente manera. “Es un equipo disciplinado en su indisciplina, lo suficientemente inteligente como para adaptar su intensidad y astucia al silbato. Un finalista que, gracias a su defensa basada en la presión alta con centrales yendo muy arriba, cometió solo siete faltas en su propio tercio del campo, casi todas desviadas. Más que verdugos, los argentinos son los celosos guardaespaldas de una leyenda sin igual”.
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