A propósito de la clase magistral brindada por el ex gobernador de Corrientes y actual senador provincial Dr. Gustavo Valdés en el ámbito de la facultad de derecho de la UNNE acerca de la Guerra de la Triple alianza y sus consecuencias políticas, desde nuestro centro de estudios recordamos la iniciativa presentada públicamente tiempo atrás, para que en virtud del trabajo actual del senador tenga en consideración a los efectos de una posible forma de resarcir aspectos que la historia en común presenta como traumáticos aún y pese al paso del tiempo.
El término genocidio fue acuñado por el jurista polaco Rafael Lemkin y determina “cualquiera de los actos perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal” estos actos comprenden la “matanza y lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo, sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial, medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo, traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo”.
No sería necesario apuntar más evidencias históricas, ni números, ni tampoco relatos aburridos, que muchas veces lo único que consiguen es alejar esa causas del presente, lo que se precisa es decisión política, para actuar como unidad de pueblos con historia, geografía y costumbres en común, entender que nuestro lugar, el de las mayoría o de los pueblos ante las decisiones de las cúpulas, fue decisivamente el de las víctimas, con las miles de vidas de los hermanos guaraníes que se suprimieron en un tris (menores de 18 años por doquier de acuerdo a todas las investigaciones históricas).
Pensar si bien no es sencillo, tampoco es oneroso y de lo único que se precisa es de voluntad, entender que nosotros tenemos como origen el ámbito jesuítico-guaraní, que años luego, su capital geográfica, sería masacrada por sus ciudades aledañas o hermanas y que tal cosa, se dio de tal forma que cabe la denominación de genocidio, sería un primer paso, para que al menos ciertos dirigentes con llegada las cimas del poder, puedan transformar esto en un planteo institucional.
Inspirados en nuestro filósofo, correntino-guaraní, Francisco Tomás González Cabañas, quién en unos de sus textos laudeados internacionalmente “ Un Olvido Jesuita o desmitificando lo filosóficamente correcto de la conquista” que versa, de acuerdo a sus palabras en lo siguiente ; “Mientras el establishment filosófico se preguntó durante decenios, acerca del olvido del ser Heideggeriano, la presente, es la cuestión del “olvido” antojadizo y filosóficamente correcto de la cultura de toda una civilización a la que le impusieron, como, donde y que pensar. Abordaje filosófico de los resultados o resultantes en verdad, siglos después, del andamiaje construido en el colectivo cultural, tras la conquista española al continente americano, las razones históricas y religiosas están debidamente estudiadas por ello las dejamos al margen, más no así las filosóficas, de aquí el porqué del texto. En el mismo aparecen términos, y conceptos de culturales originarias, que se resistieron, o que se decostruyeron y decostruyen cultural y filosóficamente a la conquista “prolija” o política e históricamente correcta por parte de los Jesuitas, la pretensión del texto es contar esa historia de los vencidos, es decir de estas culturas que obviamente no se conocen ni de nombre y que por ende se duda de que pudieran haber existido.” Creemos en aquello de “Si la historia la escriben los vencedores” frase atribuida a George Orwell, la frase conceptual se completa con “existe otra historia de los vencidos”, esta es la que se debe empezar a escribir.








