Un grupo de excombatientes argentinos volvió a pisar las Islas Malvinas en el marco de una experiencia cargada de memoria y significado, que incluyó visitas al cementerio de Darwin, el Memorial de Fitz Roy y distintos puntos estratégicos del conflicto de 1982. La iniciativa, impulsada por el Gobierno de Corrientes, permitió el regreso de 20 veteranos de la provincia, entre ellos tres oriundos de Goya.
Uno de los protagonistas es Juan Barbona, quien regresó por primera vez a las islas tras 44 años. En diálogo telefónico, describió una vivencia atravesada por la emoción y el reencuentro con su propia historia. “Después de 44 años tuve la oportunidad de volver a Malvinas gracias al gobierno de la provincia”, expresó.
Durante la estadía, los excombatientes recorrieron antiguos campos de batalla, donde aún se observan vestigios del conflicto. Barbona logró acercarse a su zona de combate en Sapper Hill, donde participó en los enfrentamientos del 14 de junio de 1982. Aunque no pudo acceder al punto exacto por restricciones vigentes, destacó el valor simbólico de
haber estado a pocos metros del lugar.
El itinerario incluyó además una visita a San Carlos —escenario del primer desembarco británico— y un regreso al cementerio de Darwin para despedir a los caídos. Allí, Barbona vivió uno de los momentos más conmovedores del viaje. “Fue el descargo más grande que tuve”, afirmó al recordar el impacto de reencontrarse con las cruces de sus compañeros.
En ese lugar, buscó y homenajeó a camaradas caídos, entre ellos Diego Ferreira, amigo de la infancia, y otros soldados con quienes compartió el frente de batalla. “Se te viene todo abajo. Pensar que cualquiera de esas cruces podía ser uno de nosotros”, relató.
El excombatiente también remarcó que la experiencia permite dimensionar no sólo la guerra, sino las condiciones extremas que atravesaron: el frío, el hambre, el miedo y, en algunos casos, el maltrato interno. En ese sentido, destacó el rol fundamental de la familia en el proceso de contención y reconstrucción personal de los veteranos.
El viaje estuvo además marcado por la reciente pérdida de Roque Zabala, referente de los excombatientes, cuya muerte generó un fuerte impacto emocional en el grupo.
Para Barbona y sus compañeros, el regreso a Malvinas no solo representa un homenaje, sino también un paso en el proceso de sanación. “Hablamos con ellos como si estuvieran vivos, porque para nosotros siempre están presentes”, expresó.
Así, a más de cuatro décadas del conflicto, la experiencia reafirma que la memoria de Malvinas sigue viva en quienes la protagonizaron, transformándose en testimonio, homenaje y un llamado permanente a no olvidar.








